ASCO. ASCO y VERGÜENZA es lo único que siento últimamente leyendo las noticias. Lo de las tarjetas B ha sido la gota que colma el vaso.
Resulta que mientras familias enteras eran desahuciadas día sí y día también, sacadas a rastras de sus casas, con bebés y niños pequeños, y los listillos del mostrador del banco estafaban a ancianos, haciéndoles firmar papeles que no entendían, los jefazos banqueros estaban haciendo viajes de esos que las personas normales sólo podemos soñar o comprando en tiendas de lujo después de una buena comilona en el mejor restaurante de la ciudad.
Y todo eso sin declarar. Haciendo y deshaciendo lo que les ha venido en gana.
Yo creo que no existe calificativo para lo que están haciendo con los ciudadanos españoles. Derechas, izquierdas, centristas o, lo peor de todo, los que se supone que velan por nosotros los trabajadores: los sindicatos. Políticos, banqueros, políticos banqueros, sindicalistas. Resulta que todos son lo mismo. Deben ser eso que llaman casta, palabra que no me gusta pero que voy a tener que acabar utilizando. Si me lo cuentan, no me lo creo.
Hoy leo en los periódicos que dos de los mayores responsables de esta "supuesta" (se dice así ¿no?) estafa a gran escala a las arcas públicas tienen una fianza millonaria. Y que si no pagan les embargarán sus bienes. Pobrecitos. Qué pena. ¿Es que aun con esto no van a ir a prisión preventiva? ¡Pero qué hay que hacer en este país para pagar por los malos actos! Ahora... no robes un carro de la compra para dar de comer a tus hijos ¡porque te demonizan!
Yo no entiendo de leyes, no entiendo de penas, sólo entiendo de sentido común. Y ese me dice que esto no es ni medio normal y que si se sospecha que llevo años permitiendo unas tarjetas B en el banco en el que dirijo, debo ir a la cárcel preventivamente, porque sino la gente va a pensar que me están dando un trato de favor, ya que mientras yo estoy en la calle a una señora que roba en el súper para dar de comer a su hijo sí que pretenden encarcelarla.
Aunque viendo a todos los que están pringados, día tras día, en escándalos de este calibre, empiezo a entender. ¿Cómo van a echarse a los perros los unos a los otros? Si todos forman parte del mismo grupo: a los que el poder no les es suficiente y la confianza depositada en ellos a través de las urnas les importa bien poco.
Lo más triste de todo, es que les seguiremos votando. Sueño con el día en que abran las urnas y todas las papeletas estén en blanco. A lo mejor así se arreglaría algo, pero mientras sigamos dejando que los mismos chupen del bote, las tarjetas B no van a acabarse.
Todo es culpa nuestra, el problema es que aún hay demasiada gente que no se da cuenta y así vamos mal, muy mal.
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