Esta semana ha sido dura. Una enfermedad que hace estragos en África desde hace meses ha cruzado fronteras y ha llegado a mi ciudad. Pero no ha llegado por casualidad. Nos la han traído, en bandeja de plata.
Todo lo que ha ocurrido esta semana me ha enfadado, indignado, agobiado, estresado tanto, tantísimo, que me ha hecho sentir una necesidad imperiosa de desahogarme. Al menos ha supuesto algo bueno para mí, que por fin me haya decidido a escribir.
Lo que ha ocurrido es una auténtica locura. Una locura orquestada por el gobierno y su afán de quedar bien, de un protagonismo absurdo que raya lo patético. La jugada podía salir bien o mal, y desgraciadamente no ha podido salir peor. Lo más triste de todo esto, es que estamos jugando con la vida de seres inocentes, humanos y no humanos.
Porque para traer a unos ciudadanos que se han contagiado de una enfermedad tan peligrosa como dicen, tienes que tener unas mínimas garantías de poder curarles y, lo que es más importante, unas mínimas garantías de que esa enfermedad no va a propagarse con facilidad. Hemos jugado con fuego y nos hemos quemado.
¿Cuándo aprenderemos que cuando no podemos hacer algo porque no tenemos medios, lo más conveniente es no hacerlo? ¿Cuándo aprenderemos a que a veces es mejor ser prudente por el bien de la mayoría? No le deseaba nada malo a los dos misioneros fallecidos por ébola en las últimas semanas, pero realmente, una vez se han empezado a conocer detalles, no creo que hubiera posibilidades de salvarles y, por tanto, traerles ha supuesto un gran riesgo tras el cual casi no había ninguna posibilidad para ellos.
Porque nosotros hacemos todo así, chapuceramente, trasladando personal de hospital a hospital, desalojando pacientes tras una decisión de última hora, como si fueran muñecos de trapo. Sin material, sin trajes de protección en condiciones, sin formación.
Esta semana he tenido que escuchar y leer tal cantidad de cosas absurdas, sin sentido, que duele. Duele que te tomen por tonto, que echen la culpa a un ciudadano de sus locuras, duele la falta de medios del gobierno, tan necesarios ante una situación tan peligrosa. Duele que te echen en cara que te preocupas más de un perro que de una persona. Duele que nos mientan, que nadie dimita, que nos empeñemos en ser los salvadores del mundo mientras nos recortan en sanidad cada día. Es todo absurdo, ridículo. Esta semana ha llegado a darme vergüenza vivir en este país.
¿Qué está pasando? ¿Aquí nadie va a dimitir, pase lo que pase? ¿Van a seguir tratando de engañarnos? ¿Hasta cuándo echaremos la culpa de todo a los ciudadanos?
Lo más ridículo, espantoso y repugnante de todo, es lo que han hecho con Excalibur. Librarse de los problemas a la primera de cambio, sin tener en cuenta nada, por el camino fácil, es lo más sencillo. Total, solo era un animal. Total, sólo era un perro. Era un problema que había que hacer desaparecer lo antes posible.
Parece ser que los que nos preocupamos por su vida somos unos locos, extremistas, nos dan igual los humanos, nos da igual la vida de las personas. Qué más da nuestra opinión ¿verdad? Si total, este mes no se vota, y con la memoria que tenemos en este país, con suerte se nos habrá olvidado todo esto cuando nos toque meter nuestro papelito en la urna.
Un perro no vale nada, no puede ensalzar nuestras acciones, no puede defenderse, en este caso loco sólo es un problema. Además, sólo es un perro. No puede quejarse. Se ve que cuando pensaron en traer personas contagiadas con una enfermedad tan grave, meditaron mucho. Tanto que, curiosamente, se les olvidó qué podría ocurrir si alguna persona contagiaba a su núcleo familiar que, aunque para muchos parezca absurdo, puede componerse de humanos, perros, gatos, cobayas, pájaros, reptiles o una gallina. Así que, evidentemente obviaron el hecho de que pudieran contagiarse y que necesitarían un lugar donde poder tener la oportunidad de curarse, al igual que las personas. Me repugna que nadie haya pensado en ellos. Y aún me repugna más que se eche en cara que uno se preocupe de la vida de un perro ¿Es que hemos perdido toda la humanidad que nos quedaba?
Gracias gobierno de España. Nos habéis dejado en una situación crítica. Pero no pasa nada, porque acabaremos creyéndonos la mierda que nos queréis vender: que, de una manera u otra, todo ha sido culpa nuestra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario